Han pasado exactamente 22 días desde la última vez que
interactuamos. Cuento los días porque me permiten saber si ha pasado mucho
tiempo o no; me permite saber qué tanto tiempo eres capaz de estar lejos de mí.
La respuesta me aterra, creo que seguiré contando los días y tú seguirás sin
querer saber de mí. Dime entonces, ¿qué somos?, no quiero escuchar que nos
volvimos un par de conocidos que se saludaran en la calle años después para
preguntarse por los hijos y el trabajo ¿en que punto de inflexión estamos, que
tú no tienes tiempo para mí y aunque el tiempo te regale extrashoras tampoco lo
tendrás?, respóndeme por qué de repente
tú ya no pareces tan importante en mi vida, por qué cuando me pasa algo
extraordinario no pienso en ti como la primera persona con quien compartir mis
experiencias. Cambiaste, eso está claro, lo que me molesta es que cambiaste
ante mis ojos y yo no supe qué hacer, cómo adaptarme a tus cambios o cómo
lograr que tú te adaptaras a los míos. Lo peor del asunto es que he roto
relaciones con mi orgullo muchas veces, él está cansado y yo también y aunque
me muera de ganas por escribirte, no lo haré. Así pasará otro día y será el
vigésimo tercer día en que te extrañaré.
No hay comentarios:
Publicar un comentario