31 de enero de 2014

Vingt-deux jours sans toi

Han pasado exactamente 22 días desde la última vez que interactuamos. Cuento los días porque me permiten saber si ha pasado mucho tiempo o no; me permite saber qué tanto tiempo eres capaz de estar lejos de mí. La respuesta me aterra, creo que seguiré contando los días y tú seguirás sin querer saber de mí. Dime entonces, ¿qué somos?, no quiero escuchar que nos volvimos un par de conocidos que se saludaran en la calle años después para preguntarse por los hijos y el trabajo ¿en que punto de inflexión estamos, que tú no tienes tiempo para mí y aunque el tiempo te regale extrashoras tampoco lo tendrás?,  respóndeme por qué de repente tú ya no pareces tan importante en mi vida, por qué cuando me pasa algo extraordinario no pienso en ti como la primera persona con quien compartir mis experiencias. Cambiaste, eso está claro, lo que me molesta es que cambiaste ante mis ojos y yo no supe qué hacer, cómo adaptarme a tus cambios o cómo lograr que tú te adaptaras a los míos. Lo peor del asunto es que he roto relaciones con mi orgullo muchas veces, él está cansado y yo también y aunque me muera de ganas por escribirte, no lo haré. Así pasará otro día y será el vigésimo tercer día en que te extrañaré.

No hay comentarios:

Publicar un comentario