Querida Caracas:
Vamos a disfrutarte, vamos a querernos para que, entonces,
cuando estemos lejos, sean más los momentos felices que los momentos que me
heriste.
Voy a verte con ojos de niña, dejaré que me fascine tu
esplendor. No me ocultes tus arrugas y tus defectos, yo los conozco, yo los
viví.
Muéstrate hermosa para que ese sea ese el recuerdo que tenga
de ti cuando esté lejos y te extrañe a morir.
Píntame atardeceres sorprendentes, cámbiale el color al
Ávila todos los días, cántame con tus guacamayas, cristofués y demás.
Voy a recorrerte como si fuera la primera vez que paseo por
tus calles. Estaré atenta a tus detalles, a tus olores y por supuesto, a tus
sabores.
Voy a saborearte con los ojos cerrados de vez en
cuando, voy a probar tu famosa polvorosa
de pollo, voy a extasiarme por sentir como se deshace en mi boca su masa dulce
para dar lugar a sabores salados.
Regálame brisas, regálame lluvias, regálame sonrisas, no me
regales más prisas. Quiero que el tiempo pase lento mientras te comprendo, mientras
comprendo tu lógica ilógica, mientras me fascino con todas tus historias locas.
Sé la cómplice de mis aventuras, la testigo de mis amores, la guardiana de mis
secretos. No me des más despedidas, dame (re)encuentros, dame vida, dame aire,
dame besos en tus esquinas y en tus colinas, dame cuentos de desvelos
apasionados.

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