10 de enero de 2016

January makes me feel blue


Enero es el mes de las dietas, del gimnasio y de los comienzos. Para mí, enero es un mes triste, nostálgico y frío.
Los primeros días de enero son lo peor para mí. Llegamos de casa de mi tía y paso de estar con 8 personas alrededor a estar con 2. Paso de no poder estar en ninguna habitación sola por más de 5 minutos a estar sola, muy sola en esta casa tan pequeña. Todos estos días son muy tranquilos, no se escucha casi tráfico y a las 6 de la tarde no hay ni un alma en las calles de mi pueblo.
Tal vez debería salir para distraerme, pero todo está cerrado. Los primeros días de enero son como un gran domingo. Enero no sirve para hacer diligencias, la gente vuelve a su trabajo a mediados del mes y de repente no hay citas, no hay papel, no hay nada. Si la gente vuelve a mediados del mes, significa que puedo pasar más tiempo con mi familia. Falso. Ellos empiezan a trabajar casi que el 2 de enero.
Quizás es el frío el que me pone así o saber que me alejo de tantas personas para iniciar la rutina de nuevo. Quizás es el miedo a volver a la realidad, a no poder agarrar de nuevo el hilo, a ver como todos van desenvolviéndose y yo tengo que hacer todo un plan de acción para encarrilarme de nuevo en la madrugadera.
El paro tampoco ayudó. El paro me acostumbró a dormir a la hora que yo quisiera y a hacer con mis días lo que yo quisiera, cuando yo quisiera. Quizás es sindrome postvacacional.
Todo esto se agravo un poco cuando pasé tres días enteros a su lado. Fueron días de ensueño, de conocimiento, de autoconocimiento, de películas y de amor. De repente me encontraba de nuevo en mi casa, tan cerca de volver a la rutina. Seguro existe un nombre para la depresión posvacaciones. Siento náuseas y un vacío en el estómago que vuelve cada vez que recuerdo esos días. Debería sonreír por tener la oportunidad de poder haberlos vivido, en vez de sentirme mal porque quería más. Por eso odio sentirme así. Supongo que también me recuerda que así como esos momentos son limitadas, el tiempo aquí también y eso me genera ansiedad y estrés.
Le pido a Dios que me de fuerza y entusiasmo este nuevo año para enfrentar todas las nuevas aventuras y que me permita vivir muchos momentos de ensueño al lado de ese árbol a quien amo.


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