Escrito el 05 de agosto
Ayer amanecí con turpiales en la barriga, no eran mariposas.
Luego tenía muchísima hambre y de repente desaparecieron mis ganas de comer.
Estaba nerviosa, después de cuatro años por fin te volvería a ver. Llegaste
puntual y estaba tan nerviosa que seguí de largo y luego te busque. ¿Beso en la
boca o en el cachete? Donde caiga, mejor abrazo. Un abrazo celestial y mientras
disfrutaba mi abrazo dije tengo que volver a probar sus labios. Eran tal cual
como los recordaba, toda una aventura extraordinaria. Me parecías tan irreal
que empecé a tocarte como se toca a las cosas que no parecen verdad. Me dijiste que no habías dormido ni comido. ¿Tú
también estabas nervioso? 1460 días sin ti. Que se dividen en días hablando,
discutiendo, soñando despierta, odiándote, recordándote, volviéndote a querer y
sobretodo extrañándote. Siento que incluso si un día tú y yo terminamos juntos
tipo viviendo juntos, yo te voy a seguir extrañando cada minuto que pases lejos
de mí. A veces sentía que yo no estaba diseñada para sentir esas cosas que
sientes los demás por alguien más. Hoy me di cuenta que simplemente estaba
probando con las personas equivocadas.
Ir de la mano contigo es un placer, estar sentandos forever en un banco
sin hablar también, no sé, contigo me siento tan cómoda, como si siempre
hubieses estado destinados. Como si los espacios entre mis manos estuviesen
diseñados para que los tuyos entren a la perfección. Con los otros es tan
difícil, siento que me lastiman los dedos, siento que me hacen sudar las manos,
siento que estoy controlada. En cambio, contigo es natural. Caminar a tu lado y
no tocarte al menos medio dedo no se siente normal.
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